Con este planteamiento, la asignatura desaparecería en Primaria (hasta los 12 años), pero sus contenidos se impartirían repartidos en el resto de materias.
En Secundaria, el PP propone llegar a un acuerdo y revisar los contenidos de forma que los alumnos obtengan un justo conocimiento de la Constitución “como norma suprema” de convivencia, así como la “comprensión de sus valores, de las reglas del juego y de sus instituciones”.
Donde se mantiene firme en su planteamiento inicial de rechazo a la materia es en Bachillerato, para cuyos cursos piden restablecer la asignatura de Filosofía en su configuración más clásica, puesto que se modificó con la implantación de Educación para la Ciudadanía empobreciendo el nivel formativo de garantizaba la primera.
Con vistas a 2012
Con este planteamiento, y con las sentencias del Tribunal Supremo detrás, que hasta ahora han establecido la constitucionalidad de la asignatura con algunos ajustes, el PP reconduce su discurso para llegar a un acuerdo con el ministro de Educación.
Y si logran que el PSOE se avenga a la revisión de la materia, fuentes populares aseguran que no tienen ninguna intención de suprimirla si ganan las elecciones de 2012, puesto que habrán eliminado los “riesgos de adoctrinamiento” que planteaba inicialmente.
También apuestan por devolver la autoridad a las aulas, con un nuevo Estatuto del Profesor y reconociendo el papel del docente frente a los alumnos. Sin embargo, en este punto el PP también rebaja de algún modo sus exigencias, puesto que se ha pasado los últimos meses hablando de reponer las tarimas o de obligar a los alumnos a levantarse cuando el profesor entre en clase, pero al final, han desechado estas dos propuestas.
Entre las reformas que el PP considera “imprescindibles”, tanto Mariano Rajoy como María Dolores de Cospedal nombraron ayer la “libertad de enseñanza”, para referirse tanto a la elección del idioma como al derecho de los padres a elegir el tipo de educación y el centro que quieren para sus hijos.
Requisitos
Estos dos requisitos son fundamentales porque, según explicó Rajoy, “los padres siempre se involucrarán más” en la educación si sus hijos reciben la que ellos quieren. En este sentido, aseguró Cospedal, es necesario “garantizar la enseñanza del castellano y en castellano” y promoverán una “legislación básica que garantice el ejercicio de este derecho en toda España”
Probablemente sea en este punto donde más tengan que matizar y limar asperezas los dos grandes partidos, puesto que esta posición choca de lleno con lo que los socialistas establecen en Cataluña con el Estatut.
Reafirmada su postura sobre el derecho a estudiar en castellano, los dos dirigentes populares abogaron por garantizar la enseñanza de un tercer idioma, el inglés, y propusieron para las comunidades autónomas con dos lenguas oficiales el mismo porcentaje de horas lectivas que ha aprobado Alberto Núñez Feijóo en Galicia, un 30%.
Para que el aprendizaje sea real y los resultados del conocimiento del inglés no continúen siendo tan bajos, el PP propone que se imparta la asignatura desde Infantil y se refuerce con una concesión de becas para ampliar los estudios en el extranjero durante los cursos de Bachillerato. En este tramo educativo, los populares han incluido un cambio importante.
El Bachillerato pasaría a durar un año más, es decir, de dos a tres. Eso significa que la Educación Secundaria General (ESO) sería sólo desde los 12 hasta los 15 años (reduciendo esta etapa de cuatro a tres años), pero la obligatoriedad se mantendría hasta llegar a los 16.
Futuro Con esta reforma se pretende que los alumnos que no vean claro su futuro en la Universidad puedan, en su último curso obligatorio, optar por una educación dirigida a la Formación Profesional. Y para los alumnos de familia de renta baja que se decidan por esta opción, la reforma popular propone unas “becas-salario”.
Otra de las novedades que quiere incorporar el PP en el Bachillerato es que los alumnos no puedan pasar de curso con más de dos asignaturas y siempre que cuenten con un informe favorable para la promoción. Además, pide retomar la clásica prueba final de esta etapa, la Selectividad, previa al acceso a la Universidad.
Los populares creen que una de las causas del fracaso del sistema actual es la falta de evaluación, por lo que piden al ministro que establezca un sistema externo que evalúe tanto el grado de conocimientos de los alumnos como la calidad de los centros.
Por último, los populares quieren que los niños se familiaricen desde el primer momento con materias básicas como son la lectura, el cálculo, la lengua y las matemáticas y marcan el camino para que se lancen mensajes “institucionales” que incidan en la importancia de conseguir buenos resultados académicos.



