El idílico panorama que trazó hace dos años en su cara a cara electoral con el líder de la oposición ha cambiado (''el país será próspero y traeremos mejora'', garantizó el entonces candidato socialista). Tampoco han llegado los ansiados brotes verdes, y el pesimismo por la no visualización de indicios de recuperación se ha generalizado en la calle. Casi la mitad de los españoles (un 45,1%) considera que ahora son menos libres que cuando arrancó la actual legislatura. Por contra, apenas uno de cada diez afirma que su vida ha ganado en libertad durante este periodo.
El intervencionismo del Gobierno socialista, que se ha traducido en recortes de derechos sociales, alcanzó recientemente su máxima expresión con el decreto ley del tijeretazo (congelación de las pensiones, rebaja del sueldo de los funcionarios y supresión del cheque bebé, entre otras medidas).
Esta actuación a la desesperada para reducir el déficit, tras la llamada a capítulo de Bruselas, no ha pasado inadvertida ni siquiera para los propios votantes socialistas. Es significativo que un tercio de aquellos que dieron su confianza a Zapatero en 2008 coincida con la mayoría del electorado del PP (un 59,9%) en constatar que goza de menos independencia individual y se siente más redirigido por las imposiciones del Ejecutivo.
Ese sentimiento de desencanto con Rodríguez Zapatero, que subyace en las filas socialistas –cada vez con más arraigo– por haberse distanciado de políticas de izquierdas de referencia que sostenían su programa electoral, lo encarnó hace unas semanas el ex líder de CC OO y diputado nacional del PSOE Antonio Gutiérrez al abstenerse de votar a favor la reforma laboral que abarata el despido. Asimismo, la sensación de seguridad que alberga la ciudadanía en la actualidad dista, y mucho, de la que tenía poco antes del inicio del segundo mandato de Zapatero.
En concreto, seis de cada diez entrevistados (58,1%) ven su futuro inmediato muy vulnerable al curso de los acontecimientos, sobre todo, en materia económica. Es evidente que pesan en la valoración de los consultados los preocupantes datos económicos que no ha sabido contrarrestar el Gobierno socialista: cuatro millones y medio de parados y 1,3 millones de familias con todos sus miembros sin empleo.
Igualmente, no permanecen tranquilos aquellos encuestados, personas mayores, con serias dificultadas para llegar a fin de mes. La congelación de las pensiones decretada por el Ejecutivo, con la oposición de buena parte del arco parlamentario, especialmente del PP, que puso la retirada de esta medida como condición sine qua non para colaborar con el Gobierno en su tarea de reducción del déficit, ha sido encajada con indignación por este colectivo, obligado ahora a estirar más si cabe la paga.




