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Entre los cambios estéticos,
el frontal recibe una nueva parrilla de mayor
tamaño que sirve para reforzar la imagen de la
marca, además de mejorar la refrigeración para
el motor diésel. Intermitentes y faros
antiniebla quedan perfectamente integrados en el
paragolpes. El paragolpes
trasero, rediseñado, se une con fluidez al resto
de la carrocería. El alerón sobre el portón es
algo más grande, mientras que el logotipo de la
marca sigue ocupando un lugar predominante. El
CX-7 se venderá en siete colores de carrocería,
tres de ellos inéditos. Como
no podía ser de otro modo, las modificaciones en
el habitáculo tienden a conferir una mayor
sensación de calidad general. El salpicadero se
ha rediseñado para acoger una pantalla
multifunción. El volante también es diferente y
con un tacto más agradable. En
un coche con vocación familiar como éste, la
capacidad del maletero es una virtud importante.
Y en el CX-7 oscila entre los 455 litros, con
los asientos traseros disponibles, a los 774 con
ellos abatidos. Además, se accede a su interior
con facilidad gracias al gran ángulo de apertura
del portón. Muchos potenciales
clientes del anterior CX-7 descartaron el modelo
japonés como opción de compra por carecer de un
motor diésel. Ahora eso ya es historia, puesto
que se incorpora a la gama un 2,2 litros turbo
con ?common rail? y una potencia de 173 CV. El
consumo medio de este propulsor es de 7,5 litros
a los cien, óptimo para un coche de sus
dimensiones y peso. La llegada
del diésel no afecta, por supuesto, a la
continuidad de una alternativa de gasolina. En
concreto, un motor de 2,3 litros, con turbo y
que entrega unos brillantes 260 CV, ideal para
los amantes de una conducción más dinámica y de
prestaciones superiores. Como
buen todocamino, el CX-7 disfruta de las
ventajas de un sistema de tracción integral a
las cuatro ruedas con reparto activo de par. Una
tecnología que aplica a cada uno de los ejes la
potencia necesaria dependiendo de las
condiciones del firme. Muy práctico para
circular fuera de la carretera o en condiciones
de baja adherencia. El chasis
recibe unos refuerzos que incrementan en un
cinco por ciento su rigidez torsional, lo que se
traduce en un mayor aplomo en carretera y
también un mayor confort de marcha. Las
suspensiones se confían a un esquema delantero
McPherson y a un sistema multibrazo en el eje
trasero. Entre la completa
dotación de seguridad destaca la novedad del
asistente de cambio de carril. Una serie de
sensores detectan si se aproxima otro vehículo
desde cualquiera de los dos lados de la parte
trasera y avisa al conductor, antes de que
inicie de forma inadecuada un cambio de carril.
Este equipamiento es exclusivo de las versiones
superiores de la gama. |